Rafaela

Un médico rafaelino que desafía la tradición y no distingue fronteras

Lucas Molfino es miembro de Médicos Sin Fronteras y trabajó en Uganda, Zambia y Etiopía. "Aprendí a ponerme en el lugar del otro", afirmó. Conocé su historia.

Lucas Molfino suma experiencia y asume responsabilidades.

Lucas Molfino es rafaelino y tiene 34 años. Padre de Emilio desde hace un año, se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires y en 2006 decidió emprender viaje dentro de una organización reconocida a nivel mundial: “Médicos Sin Fronteras”. Desde entonces, su sentido de colaboración y sus “ganas de hace algo distinto” se hicieron realidad. Hace unos días estuvo en Buenos Aires y hoy está en Mozambique, uno de los países más afectado por el HIV y la tuberculosis.

¿Cómo surge la idea de participar en Médicos Sin Fronteras (MSF)?
Conocí a la organización durante mis años de residencia en Clínica Médica en el Hospital Churruca-Visca. Allí, una amiga rafaelina que estuvo en MSF, me habló de ella y asistí a una charla informática en el hospital, en donde pude indagar más y conocer más detalles del funcionamiento de la organización. Casi ya al borde de finalizar mí residencia y listo para salir al “mundo real” me encontré con ganas de hacer algo distinto, algo que permita encontrarle sentido a mi profesión y realizarme como persona, buscaba algo que me aporte algo más que un buen pasar profesional o estabilidad laboral.

¿Por qué la determinación de unirte Médicos Sin Fronteras?
Creo que las razones son múltiples y hay veces que encuentro buenas razones y también hay días malos en lo que me cuestiono lo que estoy haciendo o si esto es lo que quiero para mi vida
Cada uno puede encontrar sentido en muchas cosas o realizarse de muchas maneras, yo la encontré trabajando en “Médicos Sin Fronteras”. Definitivamente, trabajar en el contexto humanitario y en esta organización me ayudo a tener una nueva forma de ver el mundo en que vivimos, quizás más realista, y su increíble indiferencia para con el otro.

Por qué este camino…

Elegí y sigo eligiendo este camino porque desde el punto vista profesional me encontré con una gran organización médica internacional, que desarrolla sus actividades médicas en diferentes países y que involucra un gran número de profesionales cuyo principal eje de acción son las de asistir a poblaciones en crisis producto de conflictos armados, que generan miles de desplazados o refugiados, o de catástrofes naturales tales como terremotos, huracanes, epidemias, hambrunas y pandemias como las del HIV, que es en lo que trabajo desde hace algunos años. Otra de las cosas que encontré en la organización y con las cuales me siento muy identificado, es el accionar independiente y el rol testimonial, lo cual permite tomar decisiones y hacer cualquier tipo de gestión independientemente de todo poder político, religioso, económico o militar y la posibilidad de hacer públicas las situaciones y las violaciones de los derechos de millones de personas para las cuales tener una vida digna solo se reduce a seguir vivo y tratar de llegar al día siguiente.

Todos desafíos….
Mas allá de lo institucional, me encuentro desde el punto de vista personal con un trabajo donde cada día hay nuevos desafíos y experiencias fuertes y uno debe estar preparado para adaptarse continuamente a diferentes pautas culturales y sociales que incluyen modos de trabajo, de pensamiento, de creencias y, sobretodo, a respetar las diferencias y la diversidad de los distintos contextos donde trabajamos.

¿Por dónde trabajaste con Médicos Sin Fronteras?
Trabajé en varios países dentro del continente africano entre 2006 y mediados de 2009, específicamente en Uganda, Liberia, Etiopía y Zambia. También tuve la suerte de trabajar en el sudeste de Asia, más precisamente Camboya durante 2009 y 2010. Actualmente me encuentro trabajando en Mozambique en la coordinación médica de una serie de proyectos de HIV/SIDA y Tuberculosis.

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos en la organización?
Mi primeros trabajos consistieron en ser uno de los médicos del equipo en el terreno, donde el tiempo transcurría mayoritariamente asistiendo a la población, gestionando los recursos, compilando información y datos epidemiológicos, intercambiando información y capacitando el personal local. Generalmente trabajamos respaldado por un equipo formado por expatriados y el personal local del país en el cual nos encontrábamos.

¿Cómo es el trabajo en equipo dentro de la organización?

En Médicos Sin Fronteras siempre se trabaja en equipos, que constan de personal expatriado y también una parte importantísima de los equipos es el personal local. Generalmente son grupos donde reina la diversidad de lenguas, religiones, razas pero siempre, a pesar de estas diferencias, predomina la idea de ayudar a poblaciones que lo necesitan. Por supuesto que como en todo grupo de trabajo, en cualquier lugar y de cualquier profesión, tenemos diferencias y opiniones distintas, pero siempre prima la voluntad de mejorar un poco las cosas.

¿Recordás alguna misión que te haya marcado?
Mi primera misión, y quizás la que más me marco, fue trabajar en un pequeño centro de salud en uno de los campos de desplazados del norte de Uganda, país que sufre un grave conflicto armado totalmente olvidado por los grandes medios, entre fuerzas gubernamentales y un grupo rebelde denominado “Lord Resistance Army” (LRA). Si bien hoy en día hay una mejora en la situación de seguridad, ya que el grupo se ha desplazado a países vecinos, este conflicto generó más de un millón de desplazados internos -gente que se desplaza entre regiones de su mismo país- , provocando una situación sanitaria extremadamente precaria y favoreciendo situaciones de emergencias y brotes epidémicos.
También tuve la oportunidad de trabajar en Liberia, Etiopía, Zambia y Camboya, ya fuera de África.

¿Alguna anécdota que quieras destacar?
Para terminar me gustaría contar cómo es trabajar con HIV, cómo podemos hacer para que la gente tenga una vida mejor. Es una anécdota que cuento siempre pero que me encanta.
En Zambia, trabajábamos con VIH y tuberculosis y una parte importante del programa era tratar de prevenir la transmisión del virus VIH de la embarazada al hijo. Es una tarea complicada ya que exige que la madre se comprometa a ir al centro de salud numerosas veces. También es necesario que el parto se haga en el centro de salud para darle la medicación necesaria. A los 6 meses se le hace un test al bebé para saber si es VIH positivo o no. Después de haber trabajado juntos por casi un año juntos, el momento de decirle que su bebé era VIH negativo, ver la cara de alegría de esa madre, las lágrimas a uno le cambia la vida y a ésa familia, a ésa persona, y eso da muchas ganas de seguir y meterle para adelante. Reconozco que nuestro trabajo es especial y por momentos nos movemos en los extremos pero como nos pasa a todos nuestro trabajo se alterna de buenas y malas, como la vida misma.

¿Cómo cambió tu vida?
Las experiencias vividas en estos últimos años han cambiado mi vida en numerosos aspectos, uno no es la misma persona después de trabajar y ver cómo se vive en un campo de refugiados o después de trabajar en un programa de nutrición en medio de una hambruna en pleno desierto africano.
A pesar de que vivimos en una sociedad que nos dice que el único parámetro de éxito es el económico o lo que dicen las consultoras económicas, este tipo de experiencias te cambian las prioridades, las necesidades y hasta la escala de valores. Uno atraviesa períodos de impotencia, de rebeldía frente a tanta mediocridad que nos rodea y se alegra mucho cuando pequeños actos demuestran que hay otra realidad posible. Pero si tengo que responder concretamente a tu pregunta creo que en estos últimos años aprendí a ponerme en el lugar del otro, a ser más sensible frente a los problemas de los demás pero sobre todas las cosas creo que mis pacientes me enseñaron a ser mejor persona.

¿Cuál es tu próximo paso, el camino a seguir?
Por el momento mis planes son en Mozambique y seguir trabajando con MSF en la problemática del HIV, que al día de hoy como explican los numerosos comunicados de prensa publicados por estos días, nos encontramos en el mejor momento científico y en el peor momento financiero.
 

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